lunes, 19 de diciembre de 2011

La verdadera amistad

En una reciente y especial celebración, pude comprobar lo que son los verdaderos amigos.  Mi alegría fue haber tenido la compañía de los diferentes grupos de amigos a los que por primera vez pude reunir.  Asistieron amigas de colegio, amigas que fui conociendo a través de mis años de estudios universitarios, catedráticos, vecinos, compañeros de estudio de mi esposo, compañeras de trabajo y por supuesto toda mi familia. Algunas amigas me comentaron que se sentía un ambiente muy ameno y familiar, en donde cada grupo conversaba de temas muy variados. Aunque traté de dedicar algunos minutos a cada uno, lamento no haber tenido la oportunidad de conversar más tiempo con cada grupo, sin embargo, en esos breves momentos sentí el aprecio y el cariño de cada persona.
Yo considero que el secreto para conservar una buena amistad es escuchar a las personas, que muchas veces solicitan nuestro consejo sobre algún problema o algún plan, siempre guardando la debida discreción, sin imponer nuestra opinión ni modo de pensar, simplemente estar allí cuando alguien necesita de un hombro en donde descansar.
Hay personas que buscan nuestra compañía con algún interés y cuando ya no les somos útiles se apartan y nos olvidan.   La vida nos va enseñando que cuando hay sinceridad y respeto, la amistad perdura sin esperar nada a cambio, solamente permanece la comprensión, el aprecio y el cariño.
Han pasado los años y  mi esposo y yo sabemos que a quienes consideramos nuestros amigos, verdaderamente nos tienen cariño y por supuesto son correspondidos; en esta ocasión compartieron con nosotros la  celebración de mi graduación universitaria y nuestros 40 años de vida matrimonial, que ya es difícil  ver en la actualidad.
Es tan satisfactorio saber que a través de los años, aunque no nos veamos muy seguido, la amistad sigue latente y cuando tenemos la oportunidad de reunirnos parece que el tiempo no hubiera transcurrido y nos volvemos a ver con la misma alegría de siempre. Nos sentimos muy dichosos de saber que podemos contar con personas que nos han demostrado su verdadera amistad, tanto  en las penas, como en las alegrías.
La verdadera amistad no conoce la envidia ni el egoísmo. Encontrar verdaderos amigos es un tesoro que hay que conservar y apreciar.
Esta experiencia nunca la podré olvidar y probablemente no se volverá a repetir, fue algo tan lindo y satisfactorio vivirlo, ya que todos los  asistentes compartieron nuestra alegría en estas dos celebraciones tan importantes para nosotros y nuestra familia.

viernes, 16 de diciembre de 2011

Un paquete de cartas

En la gaveta de una cómoda, encontré un paquete en cuyo interior había un grupo de cartas amarradas por un cordel. Pasé varias horas leyendo cada una de ellas, unas eran de algunas amigas del colegio que estuvieron de intercambio en los Estados Unidos,  lo que me hizo recordar aquellos tiempos tan felices en que la única preocupación era estudiar.  Había otra de una tía que vivía en Miami y siempre nos alojaba en su casa cuando íbamos de vacaciones con mis papás. Ella vino a Guatemala algunas veces y siempre nos decía que extrañaba mucho a los amigos y a la familia que había dejado, pero que afortunadamente siempre pasaba alguien por Miami y la visitaba cada año. Encontré también tarjetas de felicitación de dos amigos que no pudieron asistir a la celebración de mis quince años por estar de viaje, es lo único que tengo de recuerdo de ellos ya que ambos fallecieron. El grupo de cartas más numeroso era el de mi novio, actualmente mi esposo, cuando fue a realizar un internado de medicina por unos meses.  En ellas me describía con detalle el lugar en donde estaba localizado el hospital y el apartamento en donde vivía. Una de ellas me causó mucha risa, por la aventura que pasó cuando preparaba la comida, se quedó dormido y dejó carne en el horno, ésta se quemó y del horno comenzó a salir humo, entonces llegaron los bomberos para apagar el fuego.  Me contó la pena que sintió por la alarma que causó una cosa tan sencilla. 

En la actualidad, las cartas que enviábamos por correo han sido suplantadas por el correo electrónico, celulares, iphone, etc. lo que ha hecho más rápida la comunicación, pero se ha perdido la elegancia en la redacción. Si la carta era enviada al extranjero, había que esperar como ocho días para recibir contestación, eso nos ponía impacientes porque queríamos tener respuesta inmediata.  Eso es una de las ventajas en la actualidad, pues se recibe la respuesta inmediatamente y no se pierde tiempo. 
Pero volviendo al tema, no sé por qué razón olvidé ese paquete de cartas en el fondo de la gaveta.  Seguramente algún día estuve tirando papeles y sin darme cuenta lo metí allí.  Pero no me arrepiento, porque han transcurrido casi 30 años desde que recibí esa correspondencia y me alegré al leer cartas de personas que ya nunca volveré a ver o escuchar. 
La excepción son las enviadas por mi esposo que me hicieron rejuvenecer, por nuestros años de juventud, con planes e ilusiones que en su mayoría son una realidad, al ver la linda familia que hemos formado y las satisfacciones que hemos recibido juntos en nuestra vida.  Cerré los ojos e hice un recorrido relámpago de la historia de nuestro matrimonio: los primeros años, los años que estuvimos en el extranjero cuando él estaba sacando su especialidad, el nacimiento de nuestros cuatro hijos, los viajes que hicimos en familia, los fines de semana en Amatitlán, al puerto, a La Antigua, etc. todos recuerdos inolvidables de una familia que a través de los años se ha mantenido unida, en las alegrías y en las penas.  Han transcurrido 40 años de vida matrimonial y aquellas viejas cartas revivieron momentos inolvidables que no volverán, vivencias que Dios permitió que gozáramos para guardarlas como un tesoro de un valor incalculable.    

jueves, 8 de diciembre de 2011

Entre imaginación y realidad


En estos últimos días, debido a un descanso forzoso por una reciente dolencia, recordé que cuando era joven, al recibir mi salario cada fin de mes, me dirigía a una librería o a una venta de discos para disfrutarlos al llegar a casa. Así, poco a poco nació mi afición por la lectura y la música, que hasta la fecha son mis pasatiemps favoritos.
No sé por qué razón, surgió el nombre de un libro que se llamaba "A través del desierto", que nos leía mi mamá antes de dormir, pero desafortunadamente no recuerdo el autor. Cerré los ojos y me encontré en mi dormitorio de niña, sentí el roce de las sábanas en mi rostro, acompañada únicamente por la suave voz de mi mamá, que nos iba relatando las aventuras de dos niños atravesando el desierto. La habitación iluminada por una luz rosada, reflejaba el tono de la pantalla de la lámpara de la mesa de noche, había un ambiente de paz, haciendo más íntimo y acogedor el lugar. Me imaginaba caminando al lado de los niños en el desierto, con un sol abrasador que iba minando mis fuerzas, con rumbo desconocido al que me iban conduciendo los niños montados en un gran elefante. Hice un esfuerzo por recordar la razón por la que había que seguir por el desierto, entonces recordé que los dos niños, junto a sus padres, acababan de llegar de Inglaterra e iban rumbo a un campamento en donde su padre había sido asignado para trabajar; pero hubo una tormenta de arena, se separaron y se perdieron. Ahora lo que quedaba era seguir las huellas de una carabana para encontrar el campamento o por lo menos averiguar el paradero de sus padres.
Seguimos caminando esperando encontrar a alguna persona, pero no tuvimos suerte, el agua se nos estaba acabando y nuestra sed iba en aumento. Desapareció el sol y fue cayendo la noche, entonces comenzó el frío, yo trataba de envolverme en la sábana, que no alcanzaba para cubrir a los otros, uno de ellos extendió su capa y así pasamos la noche. Seguramente me quedé dormida por un segundo.
Escuché una melodía que me hizo despertar de mi ensueño, era el sonido de una sonata de Mozart que había colocado en mi aparato de sonido, eso me hizo regresar a la realidad, aunque confieso que me hubiera gustado seguir con mi sueño de niña, que me había traído tan gratos recuerdos de mi niñez al lado de mi hermana y mi mamá. Así pues, terminó el hermoso vuelo a la imaginación y pensé en los efectos que la lectura y la música pueden causar en una persona, transportándola hacia lugares y momentos lejanos que invitan a una mirada al pasado, en donde una vuelve a ser niña.
Me entró curiosidad e investigué en Internet sobre el libro y encontré la información que necesitaba, el autor del libro es Henry Sienkiewicz,premio Nobel de Literatura en 1905. "A través del desierto y de la selva" es una obra de aventura para lectores adolescentes. Sienkiewicz también es autor de Quo Vadis, un libro que sí es conocido, sin embargo me pregunto por qué "A través del desierto y de la selva" no es un libro famoso.
Mi relato de ensueño anterior fue algo que elaboré desde mi imaginación y no tiene nada que ver con la novela real que narra algo sucedido en Egipto, 1885. Revuelta encabezada por Mahdi, un sujeto que se autoproclama un enviado de Mahoma contra la nominación inglesa. Stas y Nel, un chico polaco y una niña inglesa, hijos de ingenieros que trabajaban en la construcción del canal de Suez, son raptados por los seguidores de Mahdi, pero logran huir.
La historia nos traslada a Egipto, a mediados del siglo XIX. Los británicos y otros colonos trabajan en el mantenimiento del Canal de Suez, y entre ellos se encuentran dos ingenieros bien situados económicamente, un polaco, cuyo hijo de trece años se llama Stas, y otro inglés, cuya hija Nel, cuenta con ocho años. Surge en Egipto y Sudán un movimiento revolucionario encabezado por Mahdi (en árabe, el bien dirigido), que, empuñando la cimitarra en el nombre de Alá, pretenden expulsar a los colonos británicos y al gobierno egipcio, que está aliado con ellos, para establecer un fuerte foco islámico desde el cual dominar el mundo entero. Los niños son secuetrados y los llevan a través del desierto egipcio hasta Khartum (Sudán), donde Mahdi acababa de establecer su capital. El objetivo es utilizar a los niños como rehenes a cambio de la familia de un importante líder del movimiento. Los niños se verán arrastrados a la selva de Kenia, donde lucharán por sobrevivir, llegar hasta sus padres y evangelizar a los tribus del lugar, pasando por una serie de fascinantes aventuras. La novela cautivará por su intensidad emocional. Stan representa un modelo de coraje, fortaleza en la fe y en las convicciones, audacia, y deseo por vencer las dificultades. En medio de las dificultadds con los musulmanes, comienzan a dar testimonio de su firmeza en la fe cristiana, aún a posible coste de su vida. Esta firmeza les lleva a anunciar la Buena Nueva a miles de indígenas, a pesar de ser sólo unos niños.
Resulta curioso cómo de repente recordé el nombre de este libro del que escuché sus relatos en mi niñez, que ahora valoro más por tratarse de algunos datos históricos, después de haberme dedicado a estudiar Historia durante algunos años,una novela que menciona al Sudán cuando era colonia británica.