Últimamente en los almuerzos, refacciones y cenas familiares hemos compartido momentos muy especiales recordando las reuniones en casa de mi mamá. Uno de los temas principales, ahora que ella ha partido al cielo, es comentar cómo extrañamos los deliciosos platos que se degustaban en su casa. Ella era una excelente cocinera y gozaba reuniendo a la familia, una costumbre que heredó de sus padres.Yo recuerdo los días tan felices de mi niñez en casa de mis abuelitos, compartiendo con mis tíos y primos casi todas las tardes y especialmente durante los cumpleaños y días festivos. El día de la Fogata quemando cohetillos y saboreando los deliciosos buñuelos , especialidad de nuestra tía Zoilita y el ponche que no podía faltar. Aquellas Navidades tan alegres con las posadas que terminaban en aquella enorme sala al lado del Nacimiento, en el que todos habíamos participado en su elaboración,.Los niños colocábamos: ranchitos, pocitos, caminitos con arena y aserrín de colores, ovejitas, gallinas, patitos y burritos, Las reuniones de los compleaños de cada miembro de la familia que terminaban en la sala de la casa, en donde todos cantábamos acompañados por el piano de nuestro tío Héctor. Aprendimos a cantar: Cielito lindo, Solamente una vez, Allá en el Rancho Grande, Guadalajara en un llano, El mishito, Yo soy puro guatemalteco, etc., que todavía recordamos con tanto cariño.
Ella nos recomendó que nunca perdiéramos esas costumbres de fomentar la unión familiar, pues es el núcleo fundamental para inculcar en los hijos, nietos y biznietos los buenos hábitos y las buenas costumbres. Así que cada uno de mis hijos fue enumerando los platos favoritos, pero el que se lleva siempre el premio es la magdalena, que se preguntan cómo hacía para que le saliera tan alta y esponjosa, lo que no sabían es que siempre utilizó bastante mantequilla, no margarina, leche y huevos frescos, algo tan sencillo, pero que con mucho amor, era su quedar bien para que los nietos se la gozaran.
También estaba el timbal de macarrones, de lo que uno de mis nietos se volvió fan. El pastel de cebolla; los hongos; la ensalada de pepino; la ensalada de pollo; los gñoquis; chuletas de cerdo con salsa de tomate a la italiana; la pizza con anchoas; los enrollados de jamón con tallarín; los pies de manzana, el up side down con piña, fruta cristalizada, ciruelas pasa y guindas; el pie de queso, la pizza tapada; el rollo de carne prensada (lengua fingida); pollo con salsa china; los chiles rellenos; el curtido; arroz con pollo; el subanic; las tostaditas con frijo, guacamol y salsita, etc, resultaría una lista muy larga de enumerar. Era una magnífica anfitriona. Cuando uno llegaba siempre era bien recibido, nunca dejó de ofrecer un refresco o algo de comer Aunque causa nostalgia y tristeza, recordar es como tenerla a ella cerca y entre nosotros. Estamos pasando veladas enteras recordándola, porque cualquier excusa era suficiente para que ella organizara una reunión y tenernos a su lado, aún con algunas limitaciones como cuando tuvo que usar el andador para movilizarse. No digamos los arreglos especiales que colocaba en la mesa principal y en los alrededores, con aquel gusto tan exquisito con las flores y la creatividad para sacar detalles finos y delicados.
Pasarán los años y recordaremos los detalles que con tanto cariño y tan delicados tuvo para cada uno. Tenemos que seguir su ejemplo reuniendo a la familia, para que no se pierda, pues es uno de los pilares de nuestra sociedad y el mundo lo está perdiendo, atacando y destruyendo a la familia por todos los medios posibles.
La primera educación comienza en la familia, la educación de los hijos que Dios nos ha concedido es responsabilidad de los padres.
