viernes, 14 de noviembre de 2008

CUANDO HABLA EL CORAZÓN


Algunas personas llaman a las estaciones de radio para solicitar su melodìa favorita, y muchas veces cuentan una historia alrededor de esa canción. A pesar de ser alguien desconocido, su relato puede revivir momentos especiales de nuestra existencia, como un lejano susurro cuyas notas quedaron flotando en el espacio sideral. Debemos de capturar y aprovechar esas ondas sonoras, similares a la frescura de las gotas del rocío, que cada mañana viajan apresuradamente sobre los cristales y van  desapareciendo minuto a minuto cuando  el astro luminoso las va evaporando. Sus intensas vibraciones nos sumergen en un extenso mar, mecidos por una barca que va navegando sin rumbo hacia el infinito.
Inmediatamente el sentimiento aflora cual paloma alzando el vuelo, libre como el viento, envolviéndonos en un elixir embriagador; extasiados dejamos escapar algunos suspiros por aquellos momentos que difícilmente volverán. La música nos ha atrapado entre sus redes, el tiempo se ha detenido, sin darnos cuenta surgen imágenes que aún permanecen en la memoria.
La música es una compañera fascinante, aunque hay personas a las que parece que una melodía no les manifiesta nada, no quieren revisar en el baúl de los recuerdos y revivir dentro de sí su historia personal: un amor imposible, los años juveniles, reuniones familiares, penas y alegrías.
Algunas melodías han perdurado a través de los siglos, ya sea por la creación del genial compositor o por la magistral interpretación.  Hay que aprovechar las ocasiones cuando la música  comunica algo, la respiración se agita, el pulso se acelera, la cabeza gira como un remolino en donde vagan momentos especiales. Lo bonito y agradable es haber compartido gratos momentos que marcaron una huella  por la senda de la vida.
La música es similar a la fragancia de una flor; si sabemos apreciarla y aprovecharla, se insinúa e insiste hasta introducirnos dentro de un caudal tan dulce como la miel. Es un lenguaje que nos hace soñar despiertos, transforma todo, produce una variedad de sentimientos imposibles de describir en unas pocas líneas. Su compañía es grata tanto en la primavera, como en el otoño de la vida cuando todo se va extinguiendo y se vive de los recuerdos. Ese corazón ríe y llora en silencio, por ilusiones, penas y glorias,y ansioso llega al momento culminante cuando habla el corazón.

domingo, 9 de noviembre de 2008

CAMBIAR EL MUNDO


Aunque parezca difícil cambiar el mundo, todavía hay personas cuya vida se basa en los valores fundamentales y los van transmitiendo a los hijos, quienes continuarán con ese importante proceso de formación a las futuras generaciones.
Hace algunos días, apareció en el periódico un artículo haciendo referencia a acciones que tomarán varios países en una cumbre en El Salvador. Dentro de los puntos a tratar están: lo inútil que es para la mujer el dedicarse solamente a la crianza de los hijos y a las labores domésticas, y el derecho del Estado sobre la educación de los niños. Este artículo me motivó a hacer algunas reflexiones.
Si bien es cierto que actualmente hay mujeres profesionalmente exitosas, ocupando importantes cargos dentro de la sociedad, no por eso es menos importante el papel de la mujer en el hogar. La mujer, por haber sido favorecida por Dios con la maternidad, es la principal educadora de los hijos, de quien aprenden una serie de valores importantes para la vida. Una sociedad en la cual la mujer solamente considere importante la diversión y el trabajo fuera de casa, está perdida, porque la presencia de la madre es el fundamento para educar a los futuros ciudadanos de una nación.
Las consecuencias son nefastas, no se puede pasar por alto la escalada de violencia que afecta a todos los rincones del mundo, como tampoco el desmedido consumo de drogas. Como ejemplo, también se puede mencionar que la vida hoy en día no vale nada, prueba de ello es la cantidad de países en los que han legalizado el aborto, argumentando que la mujer es libre de tomar decisiones sobre su propio cuerpo. Pero por otro lado, el ser que se ha engendraro no tiene libertad de alzar su voz y se le asesina dentro del vientre de su propia madre. Habrá que preguntarse entonces ¿A qué libertad se refiere el que la mujer decida sobre su propio cuerpo, cuando el hijo, con dignidad igual que cualquier ser humano, no es libre de decidir y es eliminado porque es un estorbo para la madre y para sus planes egoistas? Tanto derecho tiene la mujer como el niño por nacer.
Otro punto es sobre la educación de los hijos. Hay que preguntarse si a los padres, que son la primera escuela en la vida, se les quita el derecho a la educación de los hijos y el Estado toma ese papel, ¿cómo haráN para educar y orientar a la juventud? Los hogares se convertirán únicamente en un hotel, un lugar para comer y dormir, perdiéndose el respeto a los padres, los hijos podrán hacer lo que se les dé la gana y al no haber una adecuada educación en valores, tendremos una sociedad desordenada y sin límites, que originará mayor violencia y delincuencia; por consiguiente, un caos.
Parece como si una ola tipo Sunamy estuviera inundando al mundo, tratando de ahogar los valores fundamentales, siendo los mismos ayer, hoy y siempre. Algunos imaginan los valores como el camaleón, que cambia de color según la ocasión.
El relativismo es el enemigo número uno que no deja ver las cosas claras, porque la descomposición de la luz en un prisma da como resultado muchos colores, pero la luz que lo atraviesa es una. Así son los valores, una luz que ilumina y forma sin importar la época, el lugar y la condición en que se encuentre la persona.
Todavía hay muchas personas que consideran a la familia como el lugar principal para transmitir los valores a las nuevas generaciones. Por lo tanto, es importante contrarrestar los ataques que recibe constantemente la familia, porque con esa lucha estamos contribuyendo a conservar un mundo mejor.