lunes, 2 de enero de 2012

Libros electrónicos o libros impresos


Una amiga me comentó sobre un sitio en Internet para descargar libros electrónicos directamente a la PC, iPad o iPhone.  Decidí entrar al sitio de Internet y pinché sobre una revista de Historia en la que encontré información muy interesante sobre la caída de los Taifas en España y otros artículos. Cuando leo un libro que me interesa, devoro las páginas y en ocasiones lo termino en uno o dos días. Estuve pegada a la pantalla de la computadora por espacio de dos horas, no pude continuar leyendo porque se me cansó la vista. Seguramente es por falta de costumbre que el brillo de la pantalla cansa la vista; aunque por otro lado,  se tiene la ventaja de poder leer un libro o una revista en cualquier momento y a cualquier hora, lo que significa no perder tiempo entre el tráfico por la distancia que hay que recorrer para adquirirlo, adaptándonos al horario de la tienda o la biblioteca.  Cuando se trata de una librería, se corre el riesgo de que no haya en existencia el libro que solicitamos; prestar un libro en la biblioteca tiene limitaciones, significa devolverlo en una fecha determinada o pagar una multa por no entregarlo en el tiempo especificado. 

Algunas personas dicen que los libros impresos van a desaparecer, suplantados por  los libros electrónicos. Prefiero la compañía de un buen libro en un rincón de la casa o en cualquier lugar para disfrutar su lectura, y no leer a través de la pantalla de una computadora o teléfonos inteligentes. 
Los adelantos tecnológicos son fantásticos y la comunicación es inmediata, pero se pierde la fascinación del sonido de las hojas al deslizarlas entre los dedos, contemplar de cerca  la portada, el diseño y el colorido, o la decoración en el empastado si se trata de una edición de lujo.  Sin embargo,  se corre el riesgo del deterioro, a pesar de que en algunas casas particulares hay bibliotecas con estantes ventilados a temperatura adecuada, ya que el papel con el tiempo  toma un color amarrillento, causado por la contaminación ambiental y el frote de los dedos al pasar las hojas. 

Contemplar a una persona leyendo un  libro es una estampa romántica, causa curiosidad saber el tema en el que está sumergido, se observa una íntima comunicación entre el libro y el lector, en su mundo, alejado del bullicio de la gente. Con las horas dedicadas a la lectura se van adquiriendo vastos conocimientos del mundo, historia, experiencias de épocas pasadas, lugares, personajes y vivencias que pueden  reflejar, de alguna manera, circunstancias similares o diferentes de la propia vida, relatadas por cada escritor con su particular estilo. 

Así pues, sin importar la preferencia de la lectura de libros electrónicos o libros impresos,  considero importante fomentar este hábito entre las nuevas generaciones, pues se ha ido perdiendo porque los jóvenes prefieren dedicarse a cualquier otro entretenimiento, en lugar de enriquecerse con la cultura general.