viernes, 15 de noviembre de 2013

LAS JACARANDAS DE LA AVENIDA ELENA

Hace varios años vivíamos con mi familia en una casa que quedaba en la Avenida Elena, en donde disfrutábamos de la belleza de los árboles de jacaranda, que adornaba las aceras y el camellón que dividía los dos carriles por donde circulaban los vehículos de norte a sur y viceversa. De regreso del colegio, nos encontrábamos con alguna amiga del barrio, y pasábamos largo rato conversando a la sombra de las jacarandas,  cuyo arriate estaba cubierto por una alfombra de flores color violeta que iban cayendo poco a poco cuando el viento  mecía sus ramas. La tarde iba cayendo, dentro de las ramas de los árboles se escurrían los rayos dorados del sol que  hacían una amalgama perfecta con el tono lila  de flores.  Los pájaros alzaban su último canto del día, para acomodarse dentro de las ramas, esperando el amanecer de un nuevo día al despuntar los primeros rayos de sol de la mañana siguiente.
Los sábados y domingos los vecinos disfrutaban un paseo y hasta hubo un señor que estaba lanzando su candidatura para alcalde de la ciudad e iba saludando y haciendo propaganda con una banda de músicos. Por las tardes, después del colegio,  los  niños podíamos salir a jugar tranquilos con los vecinos. La violencia que se vive en Guatemala no ha permitido a los niños de hoy esas vivencias de las que pudimos  disfrutar algunos de nosotros, entreteniéndonos con cosas sanas y sencillas. Esa imagen ha quedado grabada en mi mente por lo agradable y  la paz que se vivía, pero todo desapareció con el tiempo; ahora solo queda el recuerdo de aquella alameda que adornaba esa avenida, actualmente tan transcurrida y bulliciosa, que lo que menos invita es a meditar y pasear.
Recuerdo que en el periódico El Imparcial había una columna titulada Urnas del Tiempo, de León Aguilera, en donde escribió un artículo hecho  poema sobre las jacarandas de la Avenida Elena, lástima que no guardé el ejemplar, porque esa alameda con sus flores lilas fue inspiración para  describir la belleza de una de las avenidas con que contábamos en la ciudad de Guatemala, pero cuyo encanto ha desaparecido, así como la jardinización de lo que fue el Parque Central y Centenario, en el corazón del Centro Histórico, que invitaba a visitarlo y pasear a cualquier hora del día.
Cuando visito  La Antigua Guatemala y paso por alguna alameda con jacarandas, el sonido de las llantas de los vehículos sobre las flores siempre traen a mi memoria las de aquella avenida que quedó en el pasado, pero nunca olvidada.