En una reciente y especial celebración, pude comprobar lo que son los verdaderos amigos. Mi alegría fue haber tenido la compañía de los diferentes grupos de amigos a los que por primera vez pude reunir. Asistieron amigas de colegio, amigas que fui conociendo a través de mis años de estudios universitarios, catedráticos, vecinos, compañeros de estudio de mi esposo, compañeras de trabajo y por supuesto toda mi familia. Algunas amigas me comentaron que se sentía un ambiente muy ameno y familiar, en donde cada grupo conversaba de temas muy variados. Aunque traté de dedicar algunos minutos a cada uno, lamento no haber tenido la oportunidad de conversar más tiempo con cada grupo, sin embargo, en esos breves momentos sentí el aprecio y el cariño de cada persona.
Yo considero que el secreto para conservar una buena amistad es escuchar a las personas, que muchas veces solicitan nuestro consejo sobre algún problema o algún plan, siempre guardando la debida discreción, sin imponer nuestra opinión ni modo de pensar, simplemente estar allí cuando alguien necesita de un hombro en donde descansar.
Hay personas que buscan nuestra compañía con algún interés y cuando ya no les somos útiles se apartan y nos olvidan. La vida nos va enseñando que cuando hay sinceridad y respeto, la amistad perdura sin esperar nada a cambio, solamente permanece la comprensión, el aprecio y el cariño.
Han pasado los años y mi esposo y yo sabemos que a quienes consideramos nuestros amigos, verdaderamente nos tienen cariño y por supuesto son correspondidos; en esta ocasión compartieron con nosotros la celebración de mi graduación universitaria y nuestros 40 años de vida matrimonial, que ya es difícil ver en la actualidad.
Es tan satisfactorio saber que a través de los años, aunque no nos veamos muy seguido, la amistad sigue latente y cuando tenemos la oportunidad de reunirnos parece que el tiempo no hubiera transcurrido y nos volvemos a ver con la misma alegría de siempre. Nos sentimos muy dichosos de saber que podemos contar con personas que nos han demostrado su verdadera amistad, tanto en las penas, como en las alegrías.
La verdadera amistad no conoce la envidia ni el egoísmo. Encontrar verdaderos amigos es un tesoro que hay que conservar y apreciar.
Esta experiencia nunca la podré olvidar y probablemente no se volverá a repetir, fue algo tan lindo y satisfactorio vivirlo, ya que todos los asistentes compartieron nuestra alegría en estas dos celebraciones tan importantes para nosotros y nuestra familia.

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