
Hace varios años, me encontraba en Estados Unidos, acompañando a mi esposo, quien estaba haciendo su especialidad en Pediatría. Vivíamos en un complejo de apartamentos contiguo al hospital y teníamos como vecinos a un matrimonio colombiano. Nos hicimos amigos, algunas veces compartimos una cena o un día de campo. Un día mi esposo venía furioso por un problema en el hospital, de regreso a casa se encontró al vecino colombiano y le comentó que venía "como la gran diabla". Nuestro amigo se quedó pensativo y luego le pidió que le explicara el significado de esa expresión, porque él imaginaba que detrás venía una diabla grandísima persiguiéndolo. El enojo se convirtió en una carcajada, entonces le aclaró que significaba estar iracundo por algo que hubiera sucedido.
Yo no sé de dónde proviene esa expresión, pero nos manifiesta muy bien la gran molestia por la que estamos pasando. Alguna similitud tendrá con una diabla cuando la pintan, por nuestra expresión y el color que adquiere la piel cuando estamos muy enojadas. A veces parece que tuviéramos el deseo de desaparecer a la otra persona con una sola mirada. Los ojos se ven irritados, corre el sudor por nuestra frente y puede ser que lancemos toda clase de improperios, que a lo único que nos conduce es a acalorarnos y provocamos daño a la salud.
Pero no nos damos cuenta hasta que nos calmamos. Estas reacciones son muy humanas, ya que no somos de piedra y hay personas que lo sacan a uno de quicio.
Usted dirá y qué logra con escribir esto, si ya lo sé de sobra. Lo que quiero decir es que cuando esté llegando a este grado de enojo, piense e imagine a esa gran diabla que nos persigue, como dijo aquel amigo colombiano, a lo mejor le sirve de algo y resulta riéndose si trata de verse reflejada en un espejo. Los ojos saltones, rojos como la grana, sudorosa, somatando los pies como bailando el son o el Jarabe Tapatío, despeinada, lanzando toda clase de improperios y terminando extenuada sin lograr nada con eso, más que desahogarse, si es que no se le atoran las palabras y tartamudea. Hay que ejercitar el sentido del humor, porque si seguimos actuando de esa manera, nadie nos va a matar, sino que nosotras nos estamos matando poco a poco.
Yo traté de representar a la "gran diabla" en una pintura, la tengo guardada entre mis papeles, cada vez que estoy llegando a una situación de enojo extremo, la saco para verme en ella y seguro no me gusta la imagen, si no estoy en casa la traigo con la imaginación, resulto calmándome solo de pensar lo fea y desastrosa que se ve, porque la hice como un personaje cómico y además el trabajo que me va a costar desenojarme. Son esas cosas que hacen que la vida no se tome tan en serio y tratar de reirnos de nosotras mismas, para que podamos seguir adelante,
con optimismo.
No sé si alguna persona leerá este artículo, pero si lo lee guárdelo y mire el lado bueno y simpático de la vida. No se ahogue en un vaso de agua, mejor vaya a buscar el mar o un lago profundo, entreténgase tirando piedritas, desagüe sus lágrimas si el enojo las ha causado, más ahora que en época de verano escasea ese preciado líquido en algunos lugares del planeta tierra.
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