domingo, 11 de mayo de 2014

COMPARTIR CON LA FAMILIA

Este relato encierra  la importancia de uno de los rincones de una casa para compartir con la familia. Cuando se está pensando en edificar una casa o apartamento, los arquitectos aconsejan que la sala familiar sea un espacio confortable en donde  la familia  se reúna a ver televisión, compartir algún juego de salón, guardar los juguetes de los niños, dedicar un rato a leer un libro junto al calor y la luz cálida  de la chimenea. Al estrenar la casa, esos sueños se hacen realidad y las personas se sienten satisfechas al haber dedicado tiempo para colocar la sala familiar en un lugar acogedor y adecuado, en donde todos los miembros de la familia pueden dedicarse a sus pasatiempos favoritos.
Al pasar  los años, los hijos crecen y se vuelven adolescentes. Entonces comienzan a invitar a sus amigos, y aquel oasis se convierte en un salón ocupado por un  grupo de jóvenes, que comparten largos ratos al compás de una música estridente que se escucha a varios metros a la redonda. Los papás  se refugian en su habitación, pero a pesar de tener la puerta cerrada,  el ruido invade todo el ambiente. Por fin llega el añorado silencio,  los jóvenes se han ido y ya se puede gozar del lugar favorito para descansar, mirar una buena película o leer un libro.  El papá va a prepararse un café o  un refresco, y de paso busca un bocadito, pero la despensa y el refrigerador están vacíos, parece como si un ciclón hubiera arrasado la casa.  Se pone a pensar en aquellos días cuando, junto a su esposa y sus pequeños hijos, gozaban tanto jugando o viendo algún programa en la televisión, compartiendo, tan a gusto, momentos de intimidad..
Esa sala familiar que con tanto cuidado planificaron, la ha podido gozar muy poco el papá. De su matrimonio nacieron cuatro hijos: Guillermo, Pedro, Santiago y Mary. A dos de sus hijos les gusta la música.  A Guillermo  le  compró una guitarra española; a Pedro un piano. Tres días a la semana,  la sala familiar está ocupada, porque sus hijos reciben clases para aprender a tocar los instrumentos y además, cada uno tiene que  dedicar  tres horas  al estudio de las lecciones.  Además, en ese lugar  se ha instalado Internet,  ya que ahora se utiliza la tecnología para las atareas del colegio, así el papa dice adiós  a disfrutar un rato de la sala familiar.
Luego llegó la etapa de la universidad, y como hubo que realizar trabajos en grupo, la sala familiar se convirtió en el lugar favorito,  a veces se juntaban tres o cuatro grupos y toda el área social  de la casa estaba ocupada. Pedro estudiaba arquitectura, sus compañeros entraban y salían a comprar materiales para la clase de Diseño. Consecuentemente, se escuchaba la sierra y los martillazos hasta la madrugada, pues pasaban la noche en vela trabajando.
Hubo un día en que por la mañana, Mauricio, un amigo de Pedro, salíó del baño, vestido y  listo para irse a la universidad, el papá al salir de su dormitorio se topó con él,  creyó que era uno de sus  hijos, pero la sorpresa fue cuando lo saludó y se dio cuenta de su equivocación,  los dos se rieron. Otro día, el papá salió a buscar el periódico, pero no lo encontró en el garage y pensó que no lo habían repartido. Al pasar por la sala familiar, lo saludó un compañero de Mary, que estaba leyendo el  períódico y le dijo: -¿Me podés prestar el periódico para leerlo un rato y depués te lo devuelvo?- El joven se apenó y le pidió disculpas, pues como Mary no estaba lista, se puso a leerlo. Esas dos anécdotas son motivo de risa cuando hay reuniones familiares.
Pedro y Santiago formaron sus propias empresas, y tenían reuniones frecuentes con sus compañeros de trabajo en la casa. Como ya estaba cercana Navidad,  la mamá les preguntó   que  para cuándo iban a planear el Convivio Navideño en la sala familiar, de manera que no se fueran a juntar el mismo día.
Después los hijos se casaron y nacieron los nietos.  Entonces, se fueron acumulando los juguetes y la sala familiar se llenó de nuevo.  Esa etapa de los bebés hizo recordar a los abuelos los momentos tan felices que pasaron cuando sus hijos eran pequeños; la sala familiar volvió a lucir muy  parecida a cuando  construyeron su casa, pues la vida da vueltas y vuelve la ilusión al contemplar a los nietos, con sus juegos y travesuras.

Han pasado muchos años, tal vez el lugar que se planificó con tanto cuidado para compartir con la familia dejó de serlo por unos años, pero, se puede decir con certeza, que en algunas casas la sala familiar  siempre ha sido el lugar preferido para reuniones familiares. Una casa debe de tener calor de hogar, por eso es muy importante inculcar en los hijos el valor de la familia, en donde todos los miembros  tienen su lugar y siempre son bien recibidos con cariño.

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